Benito Malacalza

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Sánchez de Bustamante 772
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Benito Malacalza presenta su nuevo disco "Cuises y liebres y pájaros".

Después de transitar caminos tan disímiles como el punk, el hardcore, la electrónica y la música concreta, Benito Malacalza anidó en el folclore desde una arista experimental. Por estos días acaba de editar artesanal-digitalmente su segundo disco solista: Cuises y liebres y pájaros, donde, en un cancionero nacido de la experiencia de una muerte cercana, encara su propio folclore cantándolo a pura voz y guitarra eléctrica, con influencias tanto de Larralde y Yupanqui como de Daniel Johnston y Nick Cave.

“(…) Aquel solitario camino recruzado por espantados cuises y liebres y pájaros”. El pasaje pertenece al cuento Las doce a Bragado de Haroldo Conti y Benito (nacido en Carmen de Areco, partido adyacente a Chacabudo, donde nació Conti) tomó de allí el nombre de su nuevo disco. “Yo estaba con otro, todo demeado, llamado Suite Boliguaya. Y justo se quita la vida uno de mis mejores amigos, Diego ‘Macu’ Angione. Frené Suite Boliguaya y en un mes me salieron todas estas canciones que forman el disco nuevo, que está dedicado a él también. Y decidí hacerlo solo por esa cosa que te da la soledad de encerrarte y que te agarre un ataque de tristeza y producción. Fue catártico, en vez de explotarme la cabeza me salió esto. Me dejó un misterio que yo lo convertí en disco. Fue un duelo y un bálsamo. Me recuperó, porque estaba muy triste”.

Y sí, Cuises y liebres y pájaros tiene un decir apesadumbrado. Esa es la tonada que cruza el disco en todas sus formas: zamba, huayno, cifra, payadas. Pero cada uno de esos gestos no se cierran sobre sí mismos sino que tienen un breve punto de fuga por donde se escapan, y allí está la riqueza de todas estas canciones. Apenas algunas cuerdas de nylon –guitarra criolla, charango–, pocas percusiones y programaciones; el resto: guitarra eléctrica y voz. La imagen podría ser no la de un payador con su vihuela sino la de un cantor anónimo prendido a una Telecaster.

“En este quise mostrar un poco la tristeza de la pampa húmeda, lo que era para mí nutrirme de payadores y copleros. Toda música del sur de la provincia que no está tan desarrollada y reinterpretada en el folclore y que me gusta mucho”. Así, en esos decires sureros, él canta: “Guarda la boca que eleva y denota que el tiempo es un sueño y eso es lo que hay, protege un cerco de luces que en esta payada yo les quiero contar” (“Payadores”); “Camionero camión negro, pavimento sobre el suelo, astronauta del invierno tu cabina espacio-tiempo, ruta nueva viejo trecho, parabrisas cementerio, de los bichos que se estrellan atardeciendo en las sierras, en la nieve casi barro, las cadenas en las ruedas, en el volante templanza que el acoplao zigzaguea” (“Camión negro”); “Corazón los primeros pasos dados los ojitos encendidos los recuerdos dilatados, este blus es un huayno chacarera como borracho que espera se equivoca a puro error, ciego e sol, voy trepando por los techos recordando poetas muertos entre palabras de amor” (“Blus, huayno y chacarera”). Malacalza asegura hacer lo que él llama “una especie de folclore errático”. Y asegura que no es un disco ni fiestero ni nada. “Es verdadero, medio flaco, sin mucha producción. Tiene algo de manifiesto y algo de la impronta del punk primario, algo de cultura fanzine, autogestivo y callejero, como creo lo impone este presente"

En el disco participan de invitados Edu Schmidt, Iris Auteri, Manu Schaller, Anahí Arias y Tomi Vélez